Pero ya nada será igual

Porque podremos volver y caminar por sus calles, recorrer esos rincones perdidos en nuestras memorias e incluso rescatar aquellas imágenes en blanco y negro que tenemos en nuestro interior, pero nada será igual.

Aquellas memorias están aderezadas con los elementos propios del momento, esas personas que lo han hecho especial, las circunstancias propias del tiempo vivido. Las casas seguirán siendo las mismas, pero aquellos que las hacían especiales y les daban su esencia ya no estarán. Sus calles, sus árboles, sus mareas y sus costumbres. Todo  seguirá allí albergando la más absoluta nada del cambio, porque aquellas circunstancias únicas que hicieron de esos momentos tan especiales se habrán marchado, como todo.

Porque todos lo momentos son únicos y corren devorados por el inevitable cambio, perseguidos por un incasable enemigo llamado tiempo. Podremos volver, podremos caminar y recordar, hablarle al tiempo de lo sucedido e intentar pescar esos fragmentos perdidos en lo más profundo de nuestra memoria.

Pero ya nada será igual.

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Es una aversión existencial  hacia una ética simulada, la doble moral e hipocresía instaurada en la educación y embuída en la sociedad. Todo ello esta ahí para ocultar una verdadera decadencia moral y singular medianía de todo aquel que sin abrir los ojos, sin plantearse ni tan siquiera unas de estas cuestiones referentes a su vida, vive.

Es en ese momento

Y es en ese preciso instante cuando sientes que la pared se derrumba y todo el peso de la realidad se cierne sobre ti. Aquel muro que creías robusto y poderoso se ha visto sobrepasado por el peso del tiempo, del cambio. No hay nada más allá de aquello que sustentaba lo que parecía ser tu realidad. Y en realidad no era tal, era su perfecta máscara que nos tapaba y nos ocultaba lo que podíamos encontrarnos más allá de ella.

Porque ya nada es como antes, si es que antes era de alguna manera.