Instagram, influencers e infelicidad

Año 2017. Instagram se ha asentado como la reina de las redes sociales y si tuviera que definir a esta red social en una frase creo que lo haría de la siguiente manera:

Instagram es la red social donde se nos bombardea con información superficial empaquetada por fit infuencers que se toman un Avolatte mientras de manera totalmente casual e inesperada un se hacen una instantánea de ese momento perfecto de sus vidas. 

Aunque creo que es imposible, puede ser que algún despistado no esté al tanto de estas tendencias ridículas y se pasee ajeno al veneno que nos empeñamos en consumir desde el móvil. Voy a intentar explicar cómo hemos llegado hasta aquí y en que se ha convertido esta red social. Es posible que Instagram sea el máximo exponente del postureo y de la gran venta de humo del siglo XXI, aunque creo que sus tentáculos han llegado a prácticamente todas las otras redes.

Instagram2012
Cuenta de Instagram típica del año 2012

Instagram comenzó en el año 2010 siendo una aplicación que facilitaba a cualquier usuario o fotógrafo amateur la edición y publicación de una foto utilizando sencillos filtros y retoques. La edición fotográfica dejaba de estar al alcance de unos pocos utilizando complejos programas para popularizarse absolutamente. A la aplicación al principio le costó arrancar y en esos comienzos estaba repleta de instantáneas de paisajes, momentos cotidianos, fotos de viajes y demás. Las cámaras de los móviles eran por lo general peores, lo que le daba incluso un mayor mérito a una buena fotografía, ya que el papel del fotógrafo era aún más importante si cabe.

Con el paso de los meses, Instagram fue añadiendo nuevas características de edición, filtros y opciones para mejorar las fotos. Al mismo tiempo ganó popularidad y se fue transformando. En los últimos dos años esta evolución ha sido brutal, volviéndose la red social más popular del momento.

El afán de las personas en ostentar y las necesidades de mostrar una imagen de felicidad permanente y de aprobación social han transformado la vida digital, utilizando Instagram como pasarela. No sabría decir muy bien cual fue el orden exacto de de los acontecimientos, pero con el paso de los meses el feed se saturaba de rocambolescas comidas, cuerpos con porcentajes de grasa negativos e hipermusculados o cafés sin lactosa ni cafeína y con leche de almendras orgánicas del amazonas.

Boob Influencer
Boob Influencer

Lo que antes era hacer deporte ahora es un complejo ritual donde uno termina haciéndose una foto enseñando la mayor superficie descubierta del cuerpo posible. Cuanto más músculo, más carne y más silicona, mayor éxito, más número de likes.

El nivel de tontuna ha ido creciendo exponencialmente hasta que llegamos a donde nos encontramos ahora, donde lo más cool que se estila es ser influencer. Un influencer puede ser Digital infuencer, fit influencer, fart influencer o cualquier prefijo inglés que pegue delante.

Y qué es un influencer. Pues un influencer no deja de ser un ególatra que se gana la vida como maniquí humano mientras a lo largo del día se hace muchas fotos, preferentemente selfies. Es importante que todas estas fotos parezcan un robado y que enseñen lo felices que son haciendo las cosas más triviales del mundo, aunque esa perfecta y exitosa vida que nos venden seguramente tengan una realidad muy distinta al otro lado de la lente que les hace esas fotos. La información con la que nos machacan  (y nos dejamos ser machacados) es pura infelicidad, humo y mentira. El hipster de turno que sube la foto del café orgánico de la China con trazas de leche de avellana y chia seguramente ni lo haya disfrutado porque de tantas fotos que ha hecho se le ha quedado frío y encima sabría a rayos.  Y la influencer que te infla a fotos patrocinadas mientras tiene un bonito paseo marítimo de fondo, ha estado más pendiente de hacerse millones de fotos espontáneas y naturales que de disfrutar de la compañía con la que paseaba.

El mundo real no es el que nos venden aquí. El mundo real es el que se queda al otro lado de la lente. Esta idea de constante perfección no genera sino infelicidad. Lo importante parece que no es vivirlo, sino compartirlo, si no lo compartes no existe, no ha merecido la pena.

Mi crítica no va dirigida a la red social, que personalmente también utilizo, sino al uso que se hace de ella. Hace poco leía que Instagram encabezaba el ranking de las redes sociales que generan más infelicidad y estoy totalmente de acuerdo. El mundo real e Instagram cada vez están más desconectados, el exhibicionismo social se ha adueñado del mundo digital.

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