Adiós Espartano

Ayer anunció su retirada un símbolo del madridismo, Álvaro Arbeloa. El fútbol de verdad, de equipo y de valores va a echar de menos a una figura como Álvaro. Se va un hombre de equipo que con trabajo duro ha conquistado a todos los madridistas. 

Álvaro lo ha ganado todo, tanto con el Real Madrid como con la Selección Española, en la que fue protagonista en su época dorada. Su época más gloriosa fue la segunda etapa en la que militó en el Real Madrid, entre los años 2009 y 2016, acumulando un envidiable palmarés tanto a nivel nacional como internacional.

El Espartano se ha retirado como un auténtico ídolo de la afición Madridista. No metía goles como Cristiano, ni pasaba como Xabi o remataba como Sergio Ramos, pero su tesón, sentido de equipo, liderazgo tanto dentro como fuera del campo y su férrea defensa del madridismo, le han servido para ganarse el respeto del aficionado blanco. El ejemplo del éxito del trabajo duro y diario.

Arbeloa es madridismo puro, un hombre de club, que desde su paso por el entonces llamado Real Madrid B, se ha empapado con los valores del equipo y ha sabido representar a la perfección los valores del escudo que defendía: compromiso, lucha, lealtad y compañerismo. Siempre ha dado la cara por el club, saliendo en defensa del equipo, de sus compañeros y de sus entrenadores, diciendo muchas veces verdades incómodas que han minado su reacción con los temidos medios de comunicación. Pese a tener la peyorativa etiqueta de ser el cachorro de Mourinho, la verdad es que siempre ha defendido a todos los entrenadores que le han dirigido.

Arbeloa Espartano

Arbeloa se moja, y cuando habla lo hace alejado de tópicos y clichés, defendiendo los valores en los que cree y remando a contracorriente. En su defensa a ultranza del Madrid, Arbeloa ha navegado contra la corriente mediática barcelonista de la última década, ganándose el reconocimiento de la afición blanca. Al contrario que otros capitanes blancos que se pusieron de lado frente a los ataques culés, él siempre ha dado la cara, importándole poco la presión mediática que se generaba a su alrededor.

Durante su último año de blanco supo aceptar su rol, haciendo también equipo desde el banquillo y siendo un aficionado más vestido de corto. Pese a que algunas decisiones fueran en contra de sus intereses personales, siempre tuvo claro que el equipo era lo primero, sin decir ni criticar jamás en público a un compañero o entrenador.

Debería haber más Arbeloas en cualquier equipo, tanto dentro como fuera del fútbol. Personas que realmente se partan la cara por lo que creen, defendiendo al compañero frente a todo, remando a contracorriente, siendo un líder en los momentos duros y dando el primer paso al frente.

Hasta pronto Espartano.

 

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