¿Es España un país de trinchera?

Escuchaba hace poco a Perez Reverte, directo como nadie, que hablaba de los españoles. Nosotros españoles y sociedad española en general, somos una sociedad de trinchera. Una sociedad que ladra, pero que luego no muerde.

¿ Y a que venian estas palabras de Don Arturo? El contexto de todo esto era una charla en la que debatía sobre la actualidad de España, nuestra situación de crisis ( no solo a nivel económico, también tocaba todos los matices sociales del momento ) y decia que somos una sociedad de trinchera. Y tengo que decir que estoy plenamente de acuerdo. Continuar leyendo “¿Es España un país de trinchera?”

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Mi opinión sobre los políticos y nuestra educación

La educación vuelve a ser noticia en todos los periódicos. A temblar todos.

Como no podía ser de otra manera, no es noticia que haya pasado algo bueno en España relacionado con nuestra educación, que lideremos algún ranking o que hayamos implantado algún sistema innovador y creativo que nos haga diferenciarnos positivamente del resto.
La educación es noticia porque vamos ( o van mejor dicho ) a cambiar el sistema educativo de nuevo.

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Tienen miedo

– A veces me pregunto por qué nadie nos enseña a pararnos a pensar si realmente estamos cumpliendo el sueño de nuestra vida. Por qué sólo interesa convertirnos en autómatas, donde no hay cabida para invertir el tiempo en aquel viaje necesario donde preguntarnos qué es lo que realmente queremos. Continuar leyendo “Tienen miedo”

Las palabras / The words [ES]/[EN]

Palabras

Las palabras. Aquella fuerza capaz de levantar imperios y de obrar la magia de la comunicación siendo flacas, livianas, simples notas en el viento. Las plasmamos en papel, las herimos mientras gritamos, salen de nuestra boca cuando esta tiene que estar cerrada y nos dejan tirados en el momento que nuestro interior necesita salir ahí fuera. Son aquellas armas tan afiladas que ni siquiera tienen una punta para herir, son ellas mismas el filo y el corte. Son el motor del mundo, la mano que hemos decidido que nos guie.

Las palabras son cotidianas y hemos perdido la noción de su valor, porque, en verdad son todo. Solo habría un nada, un vacío sin posibilidad de avanzar, un estruendo de silencio incapaz de ser rellenado por nada que no fuera voz. Un grito, una nota escrita para llenar ese vacío. Porque eso son las palabras.

Simples palabras.

The words. That force capable of building empires and the magic of communication, being thin, light, simple notes in the wind. We write them in a paper, we hurt them while screaming, they go out through our mouth when it has to be closed, and they abandoned us while they have to be there. They are that kind of weapons so sharp that they don’t need an edge to hurt, they are by themselves the edge and the blade. They are the engine of the world, the hand we have decided to guide us.

The words are usual, so they have lost their real value, because in fact, they are everything. There would be only nothing, a void without possibility of advance, a roar of silence uncapable of being filled by anything else than voice. A scream,  one note writed to fill that void. Because that is what words are.

Mere words.

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Nothing is going to be the same.

We can go back and walk the streets, go to those places lost in our memories and even rescue those black and white images that we have within us, but nothing is going to be the same.

Those memories are peppered with elements of each moment, people who have done each moment special and especially the circumstances of the time lived. The houses will be the same, but those who made it special and gave it the essence will no longer be there. Its streets, its trees, its tides and customs. Everything will be there hosting the absolute nothing of the change, because the unique circumstances that made those special moments will have left, like everything else. Continuar leyendo “Nothing is going to be the same.”

El calor está ahí detrás

– Y ahora, ¿ ya sientes el verdadero calor?

– No se decirte lo que verdaderamente está pasando. Alguien ha levantado esa pesada cortina de plomo que ceñía aquello que nos rodeaba y nos impedía ver su verdadera esencia. Su pesado velo cubría cada uno de aquellos momentos en los que nuestras realidades intentaban aproximarse, pero parece que ya no está ahí. Ese contacto entre las superficies de la vida, entre nuestra realidad y sus colores, con su aromas y sus sabores parece estar de nuevo viva.

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Pero ya nada será igual

Porque podremos volver y caminar por sus calles, recorrer esos rincones perdidos en nuestras memorias e incluso rescatar aquellas imágenes en blanco y negro que tenemos en nuestro interior, pero nada será igual.

Aquellas memorias están aderezadas con los elementos propios del momento, esas personas que lo han hecho especial, las circunstancias propias del tiempo vivido. Las casas seguirán siendo las mismas, pero aquellos que las hacían especiales y les daban su esencia ya no estarán. Sus calles, sus árboles, sus mareas y sus costumbres. Todo  seguirá allí albergando la más absoluta nada del cambio, porque aquellas circunstancias únicas que hicieron de esos momentos tan especiales se habrán marchado, como todo.

Porque todos lo momentos son únicos y corren devorados por el inevitable cambio, perseguidos por un incasable enemigo llamado tiempo. Podremos volver, podremos caminar y recordar, hablarle al tiempo de lo sucedido e intentar pescar esos fragmentos perdidos en lo más profundo de nuestra memoria.

Pero ya nada será igual.